BENARÉS

by María Eugenia Pérez

Me gustaba ver las imágenes de las familias bañándose juntas y posando para sus familiares para tener bellos recuerdos de ese día. Varias generaciones de mujeres y hombres, compartiendo ese momento purificador.

Con mucha alegría veía cómo los más ancianos tomaban su baño, como las mujeres mayores se metía en el río, cómo lavaban, cómo una chica pequeña enjabonaba al que seguramente era su abuelo… Y al pasar por el ghat Manikarnika, lugar de las cremaciones, el respeto y el color negruzco que el humo había producido, me sobrecogió.

Momentos bellos también, cuando secaban sus cuerpos, se cambiaban de ropa, tendían la ropa mojada…

Durante mi recorrido en la barca sentía cómo la calma y la espiritualidad llegaban a mi corazón y de alguna manera, me sentía con una alegría y una paz, difícil de explicar. Las infinitas imágenes que se almacenaban en mis retinas yo quería atraparlas y que permanecieran en ellas, pero a cada instante, nuevas emociones me inundaban a través de todos mis sentidos. No puedo recordar cuánto tiempo duró este paseo en barca, al amanecer pero me pareció muy corto. Sé, que aún era muy temprano cuando me despedí del barquero y de los dos chicos que remaban agradeciéndoles su esfuerzo y amabilidad.

Una vez en tierra, comencé a recorrer un laberinto de calles, en las que la dureza de la vida cotidiana se podía ver a cada paso, en cada esquina… En las calles duermen, comen, se limpian los dientes, calientan el café, los niños van a la escuela, las mujeres y hombres transportan sobre sus cabezas sacos, a veces, de dimensiones enormes, la leche de búfala que venden, etc.

El esfuerzo de los hombres era grande al cortar los troncos de madera para las cremaciones con objetos bastante rústicos y al cargarlos sobre sus hombros para llevarlos a las pilas funerarias.

La madera es cara y según me contaron, sólo las personas que tienen mejor economía pueden permitírselo, por ello, los más pobres muchas veces se incineran en una incineradora que habían construido o simplemente, acaban flotando en el río.

Yo tuve la oportunidad de ver cómo por una estrecha calle bajaban a una persona muerta y estuve en el lugar de las cremaciones con gran respeto y sin tomar ni una sola imagen. Para ellos la muerte no tiene el sentido que tiene para nosotros.

Aunque las castas están abolidas, pude comprobar que siguen presentes en la India. Los intocables viven en lugares muy pobres, en los que también estuve.

Tener la oportunidad de convivir con sus gentes, conocer su cultura, sus religiones, sus costumbres, la espiritualidad, la forma de vivir, sus ritos, ceremonias y la dureza de la vida, durante los días que permanecí allí, me hizo crecer tanto como persona, que jamás he podido olvidar este mágico lugar pleno de contrastes, que desde mi punto de vista, lo hacen único.

Estar en Benarés con los ojos del corazón, me hizo entender perfectamente porqué es una ciudad santa que muchas personas eligen para morir y su forma de sentir la muerte y la vida.

Para mí, Benarés siempre será el lugar más especial en el que he estado. Los rostros de las personas, allí son tan serenos y transmiten tantas emociones, cuando cruzas con ellas las sonrisas y las miradas, que nunca los he podido olvidar.

María Eugenia Pérez


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